La comunicación entre cerebro, intestino y microbioma en la salud y la enfermedad

Publicado el 7. diciembre 2011 | Grenham S et al.
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Esta revisión describe la compleja interacción entre el microbioma intestinal el microbioma intestinal, el cerebro y el sistema nervioso entérico – también conocido como «eje cerebro-intestino-microbiota». conocido como el «eje cerebro-intestino-microbiota». Los microorganismos del intestino (microbiota) no sólo influyen en la digestión, sino también en el sistema inmunitario, la función de barrera del intestino, la percepción del estrés e incluso el estado de ánimo, la cognición y el comportamiento.

En modelos animales, los ratones libres de gérmenes muestran claras diferencias en la estructura cerebral, las reacciones al estrés y el comportamiento. Los estudios demuestran que las bacterias intestinales se comunican directamente con el cerebro a través del nervio vago, el sistema inmunitario o productos metabólicos como el triptófano. Una microbiota alterada (disbiosis) se asocia con el síndrome del intestino irritable (SII), la depresión, el autismo, la obesidad y la enfermedad inflamatoria intestinal (EII).

Conclusiones: La influencia selectiva sobre el microbioma (por ejemplo, mediante probióticos) podría desempeñar un papel importante en el tratamiento de enfermedades gastrointestinales, neurológicas y mentales en el futuro.

Introducción

 

El término «eje cerebro-intestino-microbiota » se refiere a un complejo sistema de comunicación entre el cerebro, el intestino y la microbiota intestinal. Comprende el sistema nervioso central (SNC), el sistema nervioso entérico (SNE), el sistema neuroendocrino, el sistema inmunitario y la flora intestinal. La comunicación bidireccional tiene lugar a través de vías nerviosas (por ejemplo, el nervio vago), hormonas y citoquinas.

Desarrollo y función de la microbiota

 

La colonización intestinal comienza en el nacimiento y se desarrolla hasta formar una microbiota «adulta» estable en el primer año de vida. Factores influyentes como el modo de nacimiento, la dieta, las infecciones o los antibióticos pueden alterar el equilibrio. Una microbiota intacta es esencial para:

  • Función barrera del intestino

  • Regulación de la motilidad

  • Procesos metabólicos

  • Modulación del sistema inmunitario

  • Protección contra agentes patógenos

 

Los animales libres de gérmenes muestran, por ejemplo, respuestas inmunitarias reducidas, apéndice agrandado y maduración cerebral reducida.

Influencia sobre el cerebro y el comportamiento

 

El microbioma influye directamente en el SNC, en particular a través del eje hipotalámico-hipofisario-suprarrenal (HPA). En ratones libres de gérmenes, esto conduce a:

  • Reacción exagerada al estrés (aumento del cortisol, ACTH)

  • Producción reducida de neurotransmisores (por ejemplo, serotonina, GABA)

  • Cambios en el comportamiento (por ejemplo, ansiedad, memoria)

 

Las bacterias probióticas como el Lactobacillus rhamnosus o el Bifidobacterium infantis pueden tener efectos reductores de la ansiedad y el estrés, en parte mediados por el nervio vago.

Microbiota y enfermedades

 

Síndrome del intestino irritable (SII):

  • A menudo se asociacon una flora intestinal alterada, inflamación de bajo grado y aumento de la permeabilidad.

  • El SII postinfeccioso se produce hasta en un 36% de los casos tras infecciones intestinales bacterianas.

 

Enfermedad inflamatoria intestinal crónica (EII):

  • Se caracteriza por una microbiota alterada (más proteobacterias, menos firmicutes).

  • No está claro si esto es una causa o una consecuencia de la inflamación.

 

Autismo:

  • Los niños autistas suelen presentar molestias intestinales y una composición clostridial alterada.

 

Obesidad:

  • Los ratones GF son resistentes a la obesidad.

  • La microbiota influye en la ingesta energética y el metabolismo de las grasas.

Perspectivas terapéuticas

 

La modulación dirigida del microbioma (por ejemplo, con probióticos, prebióticos, antibióticos) se considera una estrategia prometedora, especialmente para los trastornos gastrointestinales funcionales como el SII.

  • Lactobacillus plantarum, B. infantis y otros mostraron efectos positivos sobre el dolor, la inflamación y la estabilidad de la barrera.

  • Los estudios iniciales también apuntan a posibles beneficios en el tratamiento de la depresión.

Conclusión

 

La investigación sobre el eje cerebro-intestino-microbioma ha demostrado que las bacterias intestinales son mucho más que «ayudas digestivas». Desempeñan un papel central en la salud de todo el organismo, incluido el cerebro.

En el futuro, las terapias personalizadas del microbioma podrían formar parte del tratamiento del síndrome del intestino irritable, la depresión, el autismo o incluso las enfermedades neurodegenerativas. Muchos mecanismos siguen sin estar claros, pero los datos son prometedores. El mayor reto sigue siendo definir una imagen clara de una microbiota «sana» y desarrollar enfoques terapéuticos estables e individualizados

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